Unidad 27 · Algo que alguien use
Semana 28 · 45 minutos · 10.º y 11.º grado · tu proyecto, solo o en grupo · así la planeamos.
Lo que vas a hacer
Al principio del año se dijo: en abril, algo que alguien use. No un ejercicio: algo que alguien use. Alguien de fuera de tu equipo ya usó tu proyecto, y tu proyecto cambió por lo que viste. Hoy esa versión llega a quien la usa, con dos tarjetas escritas a mano o dictadas: cómo se usa y qué hacer si falla. Y tu equipo decide quién la mantiene, y hasta cuándo.
Las tarjetas dicen lo que tu proyecto necesita:
- una herramienta, una app o un juego digital: qué hace y cómo se usa, en tres pasos, y su dirección si la publicas; a quién avisar si falla y cómo se despublica; y un rol adulto del liceo o del programa que la mantiene, en proyectos y cuentas del programa (o en tu propia cuenta, solo si los términos del servicio admiten tu edad y tu familia firmó la adenda);
- una canción, un podcast, una historia o una imagen: qué es, cómo se oye, se lee o se mira, y para quién; qué hacer si no se entiende; y dónde queda guardada (tu repositorio, la carpeta del grupo) y dónde se publicó, si se publicó;
- una simulación, una explicación o un paso real: qué muestra y qué no; lo que todavía no se sabe; y quién podría seguirla el año que viene.
Si la persona no puede venir hoy, escribes las tarjetas igual, ensayas la entrega con alguien de otra mesa y anotas en tu ficha cuándo será la entrega de verdad.
Publicar en la web, si tu equipo lo decidió
Hoy tu proyecto puede salir a la web para que lo use cualquiera: en Firebase Hosting, o en Vercel, Netlify o GitHub Pages, según lo que necesite y lo que dijo tu decisión de herramientas. Se publica en proyectos y cuentas del programa, salvo que tengas cuenta propia admitida por los términos del servicio y consentida por tu familia. Antes de publicar, tu equipo lee en voz alta esta lista y marca cada casilla:
- Tu familia firmó el consentimiento de esta pieza, y tú también dices que sí.
- No aparece tu nombre completo, ni el liceo, ni dónde vives, junto a la obra.
- Los créditos se ven: qué es tuyo, qué hizo la IA, de qué obra ajena partiste.
- No hay ninguna clave en el código publicado, y la base de datos tiene sus reglas de seguridad activadas.
- Si guarda algo de quien la usa, lo dice con un aviso claro: qué guarda y para qué.
- Si da recomendaciones de dinero: el aviso «no es asesoría financiera; con fines de aprendizaje», a la vista, con dinero simulado y sin prometer ganancias.
Una casilla sin marcar quiere decir «hoy no»: entregas en la sala y publicas cuando la casilla se cumpla. Antes de publicar aprendes a despublicar, y lo escribes en tu tarjeta de falla: tú o tu familia pueden pedir que se retire cuando quieran, y se retira ese mismo día. Y si tu proyecto no se publica, no pierde nada: entregarlo en la sala es un resultado completo.
Por qué vale la pena
Entregar no es terminar. Es el momento en que lo que hiciste empieza a tener consecuencias para otra persona, y en que tú decides cómo respondes por ellas. Eso no lo hace ninguna máquina por ti.
Cómo va la sesión
- Anticipar. Recuerdas lo que tu proyecto no puede resolver (la semana pasada). Oyes el ejemplo de una herramienta que alguien del liceo use de verdad, con una tarjeta de uso buena y otra floja. Escribes lo que crees que va a pasar la primera semana.
- Actuar. Escribes las dos tarjetas. Si tu equipo decidió publicar, primero ves en pantalla cómo se despublica; después lees la lista en voz alta, marcas las seis casillas, publicas y escribes la dirección en la tarjeta de uso. Si no publicas y hace falta un último ajuste, primero cuentas cuántas generaciones justifica y compruebas en voz alta que la tarjeta no lleva datos de nadie. En el reverso de la tarjeta de uso van los créditos: qué es tuyo, qué hizo la herramienta y de qué obra partiste. Después, la entrega, por mesas: explicas tu proyecto en dos minutos y cuentas dónde falló mientras lo hacían. Se acuerda por escrito quién lo mantiene.
- Reflexionar. Votamos con golpes en la mesa la que más cambió desde la primera versión que se tocó, no la mejor. Escribes en tu ficha cómo cambió tu proyecto en abril. ¿Mejoró la instrucción, o mejoró la pregunta? ¿Qué decidió aquí la IA que debió decidir una persona? Y miramos hacia junio: lo que hiciste este año se va a mostrar a gente de fuera del aula.
Sin pantallas. Hasta que terminas las dos tarjetas, nada de teléfono, computador ni IA: piensas, discutes con tu equipo, escribes o dictas, y decides antes de tocar un dispositivo si publican o no, qué ajuste final hace falta y cuántas generaciones van a usar.
Si tu proyecto resolvió lo que la persona necesitaba sin IA —una guía, un tablero, una plantilla, una canción cantada—, se entrega igual, con los mismos criterios. Es un resultado completo. En un grupo, cada quien explica la parte que hizo y una decisión que tomó; quien no quiere hablar puede sostener las tarjetas o mostrar.
Si tu proyecto es sin IA, vive su hito de abril completo, con las mismas tarjetas y los mismos criterios. Si su forma es digital —una página, una app, un juego, un audio—, se publica en la web igual que los demás, con la misma lista; en la casilla 3, los créditos dicen con qué técnicas y herramientas lo hiciste. Si su forma es física, su equivalente es una exposición en el liceo, un portafolio o un archivo físico, con el mismo consentimiento. Tu ajuste final lo haces con tu técnica, dentro de tu presupuesto de materiales y tiempo, y en la escucha te preguntan: ¿qué decidiste tú, y por qué?
Los criterios, como preguntas
- C1. ¿Quien lo usa puede usarlo solo con la tarjeta de uso?
- C2. ¿La tarjeta de falla dice qué hacer y a quién avisar? (En 11.º: ¿dice también lo que tu proyecto no hace?)
- C3. ¿Está escrito quién lo mantiene y hasta cuándo? (En 11.º: ¿puedes defender ese plazo?)
Lo que entregas vive en proyectos y cuentas del programa —o en tu propia cuenta, solo si los términos del servicio admiten tu edad y tu familia lo firmó—, no te pide datos personales y, si guarda algo, lo avisa. Nada se publica sin el consentimiento escrito de la pieza.
Tu primer paso
Esta semana, sin pedirle permiso a nadie: cuéntale a alguien en tu casa qué entregó tu proyecto, y a quién.
