La situación
Usted es docente de un centro público y esta semana reprobó en su asignatura a un estudiante de cuarto de secundaria. Anoche, el padre del estudiante publicó en su cuenta de Facebook, con el nombre de usted y el del centro: «Esa maestra me las va a pagar, ella sabe lo que le conviene si quiere seguir dando clases tranquila». La publicación acumula comentarios: algunos la insultan a usted con calificativos fuertes; otros critican la gestión del centro y piden explicaciones sobre las calificaciones. Una compañera le envió capturas de pantalla esta mañana. El estudiante asiste hoy a clases con normalidad. Usted siente una mezcla de miedo e indignación, y no sabe si esto es «cosa de redes» o algo que debe tomar en serio.
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Para quien facilita
Notas del facilitador
Conviene separar las tres cosas que esa publicación mezcla. Primero, la amenaza: anunciar un daño por cualquier medio, en circunstancias que lo hagan verosímil, es delito (Art. 154, Ley 74-25); y cuando se amenaza a un servidor público —el personal docente de centros públicos lo es (Art. 77, Ley 74-25)— para que haga o deje de hacer un acto de sus funciones, como cambiar una calificación, la protección es mayor (Art. 309, Ley 74-25). Segundo, los insultos: se persiguen como injuria o difamación (Arts. 210 y 208, Ley 74-25); la figura del ultraje ya no cubre al docente, pues la Ley 44-26 la limitó al ámbito jurisdiccional (Art. 310, Ley 74-25). Tercero, la crítica sobre las calificaciones y la gestión: frente a un funcionario público solo se persiguen las expresiones que afecten su vida íntima o privada, o que sean manifiestamente injuriosas o difamatorias (Art. 211 Párrafo II, Ley 74-25, texto de la Ley 44-26) — la crítica razonable de las familias no es delito, y distinguirla de la amenaza es parte de la madurez institucional. La opción a es la ruta protectora: documentar, informar y decidir con la dirección; la c la complementa, porque el reclamo académico legítimo merece su canal. La opción b convierte a la docente en parte de un pleito público; la d deja a la persona amenazada sola con su miedo. Pregunta para el grupo: ¿sabemos hoy, cada uno, a quién acudir primero si la amenaza fuera contra nosotros?
Comentario del equipo
Dos miradas sobre este escenario
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