Apertura: la paradoja del músculo intelectual
Imaginen esta escena: Es 1985. Un profesor de matemáticas decomisa calculadoras antes del examen, convencido de que estos dispositivos destruirán la capacidad de cálculo mental de sus estudiantes. “¿Qué pasará cuando no tengan calculadora?”, advierte solemnemente.
Avancemos a hoy. Ese mismo profesor, ahora jubilado, usa su smartphone para dividir la cuenta del restaurante entre sus amigos, consulta GPS para llegar a lugares, y jamás memoriza números telefónicos. Sin embargo, diseña complejos proyectos de carpintería, resuelve crucigramas expertos, y mantiene su mente ágil con sudokus imposibles.
La calculadora no atrofió su cerebro: le quitó el cálculo rutinario y lo dejó libre para pensamientos más complejos. Pero fíjense en el detalle que sostiene la historia: él siguió ejercitando la mente —la carpintería, los crucigramas, los sudokus—. La herramienta liberó capacidad porque el músculo siguió en uso. Si hubiera dejado de pensar en todas partes, la historia sería otra.
En este programa leemos esta paradoja desde una postura de diseño de Carlos Miranda Levy, «El Gimnasio Todopoderoso», que se declara como convicción y posición de diseño, no como hallazgo de investigación: la inteligencia, como un músculo, crece con el uso y se consume sin él. Su imagen es la bicicleta eléctrica: se puede montar como el atajo de quien no quiere pedalear, o como la máquina que permite subir cuestas que antes estaban cerradas. Misma bicicleta, mismo motor, y una persona muy distinta al final del recorrido. En palabras de la postura: «Ambos futuros corren sobre la misma máquina. La diferencia entre ellos no está en la IA. Está en el diseño de cómo se usa la IA.» Y la responsabilidad de ese diseño no es de quien aprende: es de los adultos en la sala.
Lo que la investigación dice hasta hoy acompaña esa cautela, con límites que conviene nombrar. En un estudio con adultos de 18 a 39 años, todavía en revisión, quienes escribieron ensayos con ChatGPT apenas podían citar lo que habían escrito minutos antes (Kosmyna et al., 2025, Your Brain on ChatGPT, arXiv:2506.08872). Es un preprint con una muestra pequeña, que se alinea con la Postura Rectora sin probarla. Una encuesta a 666 adultos encontró una correlación negativa entre el uso frecuente de herramientas de IA y el pensamiento crítico, mediada por la descarga cognitiva (Gerlich, 2025, Societies, 15(1), 6). Es una correlación, no una causa.
Conviene desconfiar también de los promedios espectaculares. El meta-análisis más citado sobre «ChatGPT y aprendizaje» (Wang y Fan, 2025, Humanities and Social Sciences Communications) fue retractado en abril de 2026 por discrepancias en su análisis (nota de retractación, doi:10.1057/s41599-026-07310-z), y una reevaluación que corrige el sesgo de publicación concluye que, una vez corregido, «la evidencia a favor de los beneficios desaparece» (Bartoš, Martinková y Wagenmakers, 2025, preprint en PsyArXiv, doi:10.31234/osf.io/8vs32_v1; trad. propia). La postura de este programa se alinea con esa cautela: lo que importa es cómo se diseña el uso, no la herramienta en abstracto.
Hoy enfrentamos el mismo dilema con la Inteligencia Artificial, pero con una diferencia crucial: nuestros estudiantes YA la están usando. La pregunta no es si permitirla o prohibirla, sino cómo transformarla en una herramienta que fortalezca, no debilite, el músculo intelectual.